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Palabras de Aliento: La Prueba de Nuestra Fe

El modo en que las pruebas y dificultades de la vida fortalecen nuestra fe

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Palabras de Aliento: La Prueba de Nuestra Fe

El modo en que las pruebas y dificultades de la vida fortalecen nuestra fe.

"La fe no probada puede ser una fe genuina, pero es, sin duda, una fe débil, y probablemente mientras esté sin pruebas ha de permanecer enana.

La fe nunca prospera más que cuando todas las cosas le son contrarias: las tormentas son sus entrenadores y los relámpagos son sus iluminadores.

Cuando en el mar reina calma, extiende como quieras las velas, la nave no marchará hacia su puerto, pues en un mar dormido la quilla duerme también. Deja que los vientos soplen furiosamente y que las aguas se agiten, pues es así como el barco podrá llegar al puerto deseado, aunque se balancee de un lado al otro, y aunque su cubierta se lave con las olas, y el mástil cruja bajo la presión de las infladas velas.

Ninguna flor tiene un azul tan hermoso como las que crecen al pie de los helados ventisqueros. Ninguna estrella brilla más que las que fulguran en el cielo polar; ninguna agua tiene un gusto más agradable que la que corre por el desierto de arena, y ninguna fe es tan preciosa como la que vive y triunfa en la adversidad.

La fe probada trae experiencia. Si no hubieses estado obligado a pasar por los ríos, no habrías creído en tu debilidad; si no hubieses sido sostenido en medio de las aguas, nunca habrías conocido la potencia de Dios. La fe cuanto más se ejercita en la tribulación, más crece en firmeza, en seguridad y en intensidad. La fe es preciosa, y su prueba es preciosa también".

C. H. Spurgeon. Lecturas Matutinas. La prueba de vuestra fe

"Al abrir la Biblia y contemplar la marcha del Pueblo hacia Dios en la profundización, esclarecimiento y purificación de su fe, llegamos a experimentar vivamente ¡qué difícil es esta ruta que conduce al misterio de Dios, la ruta de la fe! Y no sólo para Israel; sino para nosotros.

Cada día estamos viendo que el desaliento, la inconstancia y las crisis nos esperan en cualquier esquina. Y esto, sin olvidar que la fe, en sí misma, es oscuridad e incertidumbre...

En distintos momentos, el Concilio presenta la vivencia de la fe como una peregrinación. Más aún, nos la presenta en un nivel paralelo a la travesía de Israel por el desierto. Ciertamente aquella marcha constituyó la prueba de fuego para la fe de Israel en su Dios. Sin embargo, aunque es verdad que de esa prueba salió fortalecida la fe de Israel, aquella peregrinación estuvo cuajada de adoración y blasfemia, rebeldía y sumisión, fidelidad y deserción, aclamación y protesta.

Todo ello es un símbolo real de nuestras relaciones con Dios mientras estamos 'en camino' y, sobre todo, y esto es lo que aquí nos interesa destacar, es un símbolo de las vacilaciones y perplejidades que sufre toda alma en su ascensión hacia Dios, más concretamente en su vida de fe. Pocos hombres, quizá nadie, se han visto libres de tales desfallecimientos...

Si siempre fue áspera y difícil la ruta de la fe, en nuestros días han aumentado las dificultades. Hoy la iglesia está atravesando un nuevo desierto. Las amenazas que acechan a los peregrinos son las mismas de antaño: desalientos por eclipses de Dios, la aparición de nuevos 'dioses' que reclaman adoración, y la tentación de detener la dura marcha de la fe para regresar al confortable y 'fértil Egipto'.

Vivimos en el nuevo desierto. El camino de Dios está erizado de dificultades. Las tentaciones cambian de nombre. Antaño las tentaciones se llamaban las ollas repletas, el pescado frito, la carne asada, las cebollas y sandías de Egipto. Hoy día las tentaciones se llaman el horizontalismo, el secularismo, el hedonismo, el subjetivismo, la espontaneidad, la frivolidad.

¿Cuántos de los peregrinos llegarán a la Tierra Prometida? ¿cuántos abandonaran la dura marcha de la fe? ¿Tendremos que hacernos a la idea, también nosotros, de que sólo un 'pequeño resto' habrá de llegar a la fidelidad total a Dios? ¿Cuál es y dónde está el Jordán que habremos de atravesar para entrar en la zona de la libertad? Una vez más el horizonte se nos puebla de preguntas, silencio y oscuridad. Es el precio de la fe.

Estamos en un proceso de decantación. La fe es un río que avanza. Las impurezas se posan en el lecho del río, pero la corriente sigue".

Ignacio Larrañaga. Muéstrame Tu Rostro

"Quisiéramos ser capaces de ver el futuro, pero en la mayoría de los casos apenas si tenemos luz suficiente para dar el próximo paso.

El arte de vivir es disfrutar de lo que podemos ver y no quejarnos de lo que queda en la oscuridad.

Cuando somos capaces de dar el último paso con la seguridad de que tendremos luz suficiente para el siguiente, podemos caminar con gozo por la vida.

Regocijemonos de la pequeña luz que llevamos y no pidamos el potente rayo que haga desaparecer toda la oscuridad".

Henri Nouwen. Palabras con Henri Nouwen

"En los caminos de la fe no existen líneas rectas porque la gracia, por principio, es oscilante y la voluntad de Dios, por ser gratuidad, es desconcertante.

No hay solución cierta o automática para afrontar los altibajos imprevisibles de la enfermedad. Sólo hay una respuesta: aceptar con amor lo que venga, sea lo que fuere. Este es el secreto de la paz.

No sabemos qué hay detrás de la pared (y la pared se llama tiempo), pero sí conocemos a Aquel 'en cuyas manos está nuestro destino' (Sal. 30), y eso basta. Vivir en la fe significa aceptar con amor lo que cada momento nos depara imprevisiblemente.

En resumen, el secreto de la paz está en aceptar con fe y amor las eventualidades oscilantes que la enfermedad puede traerme a cada momento como expresión de la voluntad permisiva del Padre".

Ignacio Larrañaga. Las Fuerzas de la Decadencia


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